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SENDA DE REIKI
Piel con piel
  Senda de Reiki  | 15 de junio de 2013

Cuando le pregunto por qué ha venido a la consulta, un paciente me contesta que por nada en especial, todo va bien en mi vida, solo quiero probar cómo es una sesión de Reiki.

Tengo ganas de llorar, me dice al cabo de los 10 primeros minutos. Mansamente, suavemente, las lágrimas brotan de sus ojos. Él aún no sabe que brotan desde su pìel. Una piel hambrienta de contacto humano.

La experiencia me ha enseñado que aunque alguien se acerque al Reiki sin motivo aparente, siempre hay una oculta necesidad interior.

Acércate, acaricia, toca
¿Qué son las caricias? Habrá tantas respuestas como personas, así como tantas actitudes con respecto a ellas. Están los que tocan constantemente, los que solo lo hacen en determinadas ocasiones, los que las reservan a determinadas personas y los que las rechazan.

Nuestra piel supone el veinte por ciento de nuestro peso corporal y es el órgano más importante después del cerebro. A través de sus poros respiramos, nos comunicamos, amamos, sufrimos. La piel es la voz de nuestros problemas emocionales: canaliza la descarga simbólica de los bloqueos internos y las emociones reprimidas. Y puede ser también una formidable fuente de bienestar.

Diferentes estudios han demostrado la capacidad sanadora de las caricias. En todas las ocasiones una caricia supone un bálsamo, una comunicación más allá de las palabras. A través del contacto percibimos y transmitimos sensaciones y sentimientos imposibles de expresar verbalmente. No hace mucho tiempo los periódicos reflejaron el caso de unos gemelos nacidos prematuramente. Mientras que uno progresaba felizmente, el otro iba perdiendo vida. A alguien se le ocurrió la idea de colocarlos en la misma incubadora. Inmeditamente el más sano puso su brazo encima del otro. Poco a poco el bebé enfermo comenzó a mejorar y finalmente se recuperó.

Traspasa la frontera de la piel
El tacto, además de un estímulo saludable es un necesidad biológica. Ante el envejecimiento, el estrés, la vulnerabilidad, la indefensión, la enfermedad, acerquémonos al otro, mostrémosle nuestra comprensión traspasando la frontera de la piel, demos salida a nuestrosa sentimientos más profundos y amorosos a través de nuestras manos. Cuando ofrecemos nuestras manos y nuestro corazón sin miedo, sin reservas, los beneficios son mutuos.

Os dejo un extracto del libro “El poder del tacto. El contacto físico en las relaciones humanas”, de Phyllis K. Davies, que os recomiendo para profundizar en el tema.

Si soy tu bebé, tócame.
Necesito tanto que me toques.
No te limites a lavarme, cambiarme los pañales y alimentarme,
Acúname cerca de tu cuerpo, besa mi carita y acaricia mi cuerpo.
Tu caricia relajante y suave expresa seguridad y amor.

Si soy tu niño, tócame.
Aunque yo me resista y te aleje
persiste, encuentra la manera de satisfacer mis necesidades.
El abrazo que me das por las noches, ilumina mis sueños.
Las formas en que me tocas durante el día, me dicen cómo te sientes.

Si soy tu adolescente, tócame.
No creas que, porque sea casi adulto, no necesito saber que aún me cuidas.
Necesito tus brazos cariñosos y tu voz llena de ternura.
Cuando el camino se vuelve duro, el niño que hay en mí te necesita.

Si soy tu amigo, tócame.
No hay nada que me comunique mejor tu cariño que un abrazo tierno.
Una caricia curativa cuando estoy deprimido me asegura que me quieres,
y me informa que no estoy solo.
Tu contacto pudiera ser el único que logre.

Si soy tu compañero sexual, tócame.
Podrías creer que basta la pasión, pero sólo tus brazos rechazan mis temores.
Necesito tu toque de ternura que me da fe,
y me recuerda que soy amado, porque soy como soy.

Si soy tu hijo adulto, tócame.
Aunque tenga mi propia familia para tocar
aún necesito que me abracen mamá y papá, cuando me siento triste.
Como padre yo mismo, mi visión ha cambiado
y los valoro aún más.

Si soy tu padre anciano, tócame.
Como me acariciaban cuando era pequeño.
Coge mi mano, siéntate cerca de mí, dame tu fuerza
y calienta mi cuerpo cansado con tu proximidad.
Mi piel está arrugada, pero goza cuando es acariciada.
No tengas temor. Sólo tócame

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 1 comentario
  • image
     Piel con piel  20 de junio de 2013 01:32, por Ana Gómez

    Una acaricia no cuesta y ¿porque cuesta tanto darla? si cuando la recibimos es tan agradable, el problema es que sentimos vergüenza por algo a lo que no estamos acostumbrados, pero deberíamos avergonzarnos de otras cosas como las discusiones, las malas formas, las criticas,
    Si hubiera mas caricias seriamos mas tolerantes y menos agresivos. ¿Porque es tan difícil dar lo mejor que tenemos?

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