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ESTADOS DE LA CONCIENCIA
VIGILIA
  Mariano Moral  | 17 de septiembre de 2011

Una vez alcanzada la frecuencia cerebral necesaria me dedico a buscar la verdad como quién busca un cuento. Sin atravesar asomo lo justo para entender que hay algo que entender y sin embargo no es suficiente. Vuelvo entonces a la mezquindad que tanto odio y compadezco, regreso de súbito a la mirada estúpida de quién se siente satisfecho consigo mismo aun por el logro más nimio y discutible o la del pillo-ladrón-extorsionador-asesino que ve a la humanidad infinitamente más inocente que los escrúpulos que el nunca tuvo. Sin embargo de pronto me siento lejos de lo mezquino y veo retazos inalcanzables de una verdad que simplemente no puedo juzgar debido a mi absoluto desconocimiento. Como perdido entre dos mundos para los que no debo ser más que un indeseable me debato entre el deseo de la más pura simpleza y la necesidad de un viaje suicida que se aleja de mi juicio y sin embargo se acerca tanto a mí. Yo les pido a las grandes cosas que me dejen disfrutarlas como un niño disfruta mirando el penoso avance del caracol, yo les pido a las grandes cosas que me expulsen del camino de su persecución, verdad, yo no quiero verte como el telón que cubre de noche el gran teatro de la alucinación y la mentira donde ponemos nombres a personajes desconocidos, intocables. Yo no quiero cuestionarme las cosas que deberían ser incuestionables hasta el punto de destruir la frágil paz que se supone hemos de sostener mi cerebro y yo.
Por este camino del esquizofrénico insomnio vengo y he llegado al punto de convertirme en enemigo de mi mente y me pregunto como aquello que nos rige puede ser enemigo de si mismo, como yo puedo ser enemigo de yo, ¿como profundizar en la mente del loco? En mi viaje a ninguna parte o a todas sin excepción saludo a una pandilla de locos que pasan por delante de mí y resulta que aun dentro de su turbia oscuridad me reconocen, me da pánico pensar que más que reconocerme me estén identificando como uno más. Sin embargo no veo mezquindad en sus ojos y eso me lleva a pensar que yo también me identifico con ellos, entonces veo un futuro cuerdamente enajenado, alejado de la realidad estática, planeada, mediocre. No veo, no oigo, no siento, me siento cemento que nunca seca, que nunca soporta con firmeza los sillares que conforman una existencia sencilla de hambre, empacho, ascensiones y caídas.
A medida que profundizo en la vigilia de la soledad más terrible y adictiva mis retinas solo entienden la imagen informe de la tierra sin océanos, una masa espantosa y cruel que me obliga a ver a las personas tal y como quedarían si se extrajera todo el agua de su cuerpo, puras, el agua como holograma que nos permite vivir sin el pánico de comprender lo limitado de las mentes que nos fueron otorgadas. Pero he de resignarme a que hay un truco en todo esto y siempre me faltará el talento para descubrirlo, me veo obligado pues a vagar por ahí, a saber porque y donde mira la gente sin saber nunca donde debo mirar yo mismo. Es como hacer un cuento para ganar elogios y premios o hacerlo con el único fin de volverte conscientemente loco. Tal vez la locura me permita volver a mirar la luna sintiendo otra vez esa dulce y añorada compasión por mi mismo. Tal vez la locura seamos todos y la cordura el baúl que encierra los secretos que nuestras sucias manos moldearían con ignorancia consiguiendo tan solo nuestra propia destrucción.
Bajo hasta donde queda todo suspendido y tengo que buscar un equilibrio imposible dando formas absurdas a figuras que se presentan borrosas y sin luz, quiero explicar lo que no puedo explicar y podría pasarme intentándolo el resto de mi vida si al final no me diera cuenta de que no puedo creer ni siquiera en mis palabras. Coso a cañonazos mi inconsciente que aun siendo tan grande se concentra en un punto demasiado pequeño para ser captado por mi mediocre visión, no veré el aleph bajo la escalera, ni bajo la escalera ni en ningún lado, y me consuelo pensando que en el fondo me siento tan ligado y es tan fuerte la empatía que tengo por lo humano que nunca podré abandonarlo. Abandonar no es subir, no es ser un semi dios, no es mirar el mundo columpiado en los ojos de los atlantes, es odiar incluso al miserable que pasa hambre o que muere en guerras absurdas cuando uno llega a la conclusión fugaz de que hay un infinito espacio que nos mira con desdén y compasión mientras luchamos por sobrevivir, codiciar y morir. Cosas insignificantes para todo el cosmos excepto para quién las padece o las ejecuta. Ahora vengo y me quiero quedar con el que sufre y aniquilar a quién hace sufrir porque si no puedo abrir la puerta que me atrae sobre si misma prefiero quedarme en este tenebroso vestíbulo que aun siendo casi insignificante es lo bastante grande como para hacerme sentir esperanza. Amo la esperanza por encima de todo. Allá, lejos de nuestra materia gris no hay esperanza, solo matemáticas, y pienso que el Nirvana no me interesa, debe ser frío y rígido como un cuerpo sin vida, tal vez ver y entender no sea más que una forma de muerte, tal vez y después de todo los dioses realmente nos envidien por sentir pasiones que ellos desconocen. Ser invencible es no sentir. Quiero sentir cólera hacia los que hacen sentir hambre y miseria, volver y permanecer en lo material porque es palpable y es aquí y solo aquí donde me siento entre hermanos. Quiero dejar de ver la mezquindad de otros y la mía, aun sin desprecio que es como la veo, y esperar hasta mi muerte con el miedo y la certeza incierta de saber que en el fondo todo va a continuar y a reciclarse. Si es así, si es como yo lo creo, viviré esta vida como hombre pues en un universo tan infinito como este tiene que haber tiempo de sobra para visitar a la verdad allá donde esté. Viviré la esperanza infundada e indestructible que riega mis venas porque estoy seguro de que cuando de mi no queden más que las uñas y el pelo ya nunca más volveré a sentirla. De momento me quedo aquí, tal vez mañana mí odiada mente me quite esta idea, pero ahora, ahora me quedo aquí.


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- Artículo realizado por Mariano Moral
- Publicado el 17 de septiembre de 2011

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