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LO IMPERDONABLE ES LA MENTIRA
Rajoy avergüenza a España
  UPYDLasNavas  | 20 de agosto de 2013

La responsabilidad política no está delimitada en ninguna ley. No existe un código que incluya un catálogo de comportamientos inaceptables ni el castigo que merecen. La responsabilidad política es un acuerdo tácito de la sociedad que da la medida de la dignidad democrática a la que aspira. El 2 de agosto, el presidente Rajoy pulverizó esta dignidad en el discurso más cínico que se ha oído en años en el Congreso de los Diputados. Tras reconocer un error del que no extrajo ninguna consecuencia, consideró que ya se había explicado bastante, se acogió a la presunción de inocencia y negó, sin decirlo abiertamente, que existiera algo llamado responsabilidad política.

Veinte preguntas le hizo Rosa Díez a Rajoy. El presidente no sólo no respondió ninguna, sino que ni siquiera citó a la portavoz ni a su grupo, Unión Progreso y Democracia. Veinte preguntas pertinentes sobre hechos probados. ¿Para qué creía Rajoy que acudía al Congreso? Acudía, precisamente, a responder preguntas como aquéllas. Acudía a explicarse. No lo hizo. Por este motivo, Rosa Díez pidió al presidente, en nombre de UPyD, que dimita. Su silencio se ha convertido en indecente. Hoy hay más motivos que nunca para pensar que el PP, con el conocimiento y consentimiento de Rajoy, se financió de forma delictiva durante décadas. España no puede tener como presidente a un sospechoso ni a un irresponsable.

Rajoy quiere reducir la democracia a un mero mecanismo incruento de selección de gobernantes. El que gana en las urnas manda, hace su voluntad y responde cuatro años después ante los electores. El poder legislativo aprueba las leyes, pero no controla al Gobierno. Pretender que el Gobierno rinda cuentas es antipatriótico porque pone en riesgo la estabilidad y la imagen del país. El presidente va de vez en cuando al Parlamento, pero considera inaceptable que se le hagan ciertas preguntas, y si se le hacen no las responde. Toda responsabilidad es judicial. Algo muy conveniente cuando la fiscalía depende del Gobierno, se acaba de aprobar la última vuelta de tuerca al control de la justicia y el presidente del Tribunal Constitucional está afiliado al partido mayoritario.

En su vergonzosa intervención de ayer, el presidente se acogió a los errores pasados del jefe de la oposición. Recordó con citas textuales lo que Rubalcaba decía, estando en el Gobierno, sobre otros casos de corrupción. En el colmo del cinismo vino a decir: "no me ataquen, sólo hago lo que otros hicieron antes que yo, lo que siempre se ha hecho". Al recordar lo que Rubalcaba decía cuando estaba en el poder, nos recordaba a todos que, entonces, él estaba en la oposición exigiendo las responsabilidades políticas que ahora han dejado de existir. Fue la proclamación más acabada del bipartidismo: estamos juntos en esto y no vamos a hacernos daño.

"Entendería que pidieran mi dimisión por mis reformas económicas", dijo Rajoy en un momento cumbre. No, es justo al revés. Si creemos en la responsabilidad política, el error se puede perdonar. Lo que es imperdonable es la mentira. Si el juez llama al presidente como testigo para hacerle las veinte preguntas de Rosa Díez y Rajoy miente, estará cometiendo un delito. El presidente parece creer que puede mentir a los ciudadanos y esperar a las próximas elecciones para ver si les importa o no. Cree que se salvará si España es tan cínica como él. Al negarse a responder a preguntas directas sobre sus mentiras lanza un desafío atroz a los ciudadanos: no soy mejor que vosotros, pero tampoco peor. Ayer, Rajoy rebajó la dignidad de la nación a la que representa. No puede seguir ni un minuto más como presidente.


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